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Visor de obras.

Aquí encontramos héroes como el cazador Hailibu, que ofrendó su vida por el pueblo, y Kandebayi, vencedor del rey divino. Todos estos cuentos son de una gran riqueza ideológica, con hermosas escenas y de una gran fuerza artística. Se trata de una antología que nos hace penetrar en un mundo maravilloso. Esta edición contiene hermosas ilustraciones. Su madre había muerto cuando él era muy pequeño y desde entonces vivió con una cruel madrastra. Li Bao fue creciendo día a día y la madrastra comenzó a preocuparse por los bienes de la familia. Su deseo era matar a Li Bao para el hijo que ella misma había concebido disfrutara solo de todo lo que poseían. Un día, cual un gato que va a curar a un ratón, la madrastra dijo, fingiendo compasión: -Li Bao, a tu edad ya deberías conseguirte una mujer.

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La palabra 1. Digo exteriormente, porque por dentro mi cabeza iba llena de libros, de sueños y de poemas que me zumbaban como abejas. Campesinos de ponchos mojados y canastos con gallinas, taciturnos mapuches, toda una biografía se desarrollaba en el vagón de tercera. Eran numerosos los que viajaban sin pagar, bajo los asientos. Al aparecer el inspector se producía una metamorfosis. Muchos desaparecían y algunos se ocultaban debajo de un poncho sobre el cual de inmediato dos pasajeros fingían jugar a las cartas, sin que al inspector le llamara la atención esta mesa improvisada. Muchas veces hice aquel viaje de ida y vuelta entre la capital y la provincia, pero siempre me sentí abrumar cuando salía de los grandes bosques, de la madera maternal. Las casas de adobe, las ciudades con pasado, me parecían llenas de telarañas y silencio.

Los habitantes del bosque.

Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables. Pero el angelito, espantado, forcejeaba al acariciarlo la aporreado mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos. Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento, de mi edad irremediable, melodía monótona de la inquietud, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la circunloquio el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones. Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad. La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Y ahora la bajura del cielo me consterna; me exaspera su limpidez.

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